Hechos y mitos sobre la soja
¿A ti también te vienen a la cabeza un montón de afirmaciones cuando piensas en la soja? Desde la tala del Amazonas hasta el cáncer de mama o la idea de que “feminiza” a los hombres… la soja carga con muchos prejuicios. Pero, ¿de dónde salen realmente y qué hay de cierto en todo esto? Vamos a aclararlo y, de paso, te recomendamos algunas delicias de nuestra tienda.
El origen de la soja: entre tradición e innovación
La soja lleva siglos siendo un alimento básico en Asia, donde se transforma en productos como el tempeh o el tofu. Hoy en día también forma parte de la alimentación en Europa y se utiliza para elaborar una gran variedad de productos vegetales. Puedes incorporarla a lo largo del día: desde unos copos de soja en el desayuno, una boloñesa de soja para la comida, hasta un bol de arroz con soja y salsa de soja para la cena. Y, por supuesto, no faltan los tentempiés: en forma de habas de soja tostadas, crackers, barritas o proteína en polvo. Estos últimos, sobre todo, son muy populares entre deportistas porque aportan un extra de proteína. Eso sí, un aviso: consumir demasiada soja puede causar gases.
Beneficios de la soja
En su forma seca, la soja aporta unos 38 g de proteína por cada 100 g. Durante la transformación el contenido proteico suele bajar, ya que se añaden otros ingredientes o agua. El tofu, por ejemplo, se queda en unos 12 g de proteína, aunque sigue siendo un alimento vegetal muy completo. A diferencia de muchas otras fuentes de proteína de origen vegetal, la soja tiene una excelente valoración biológica, es decir, el grado de eficiencia con que el cuerpo aprovecha la proteína que ingerimos. Lo habitual es que las proteínas animales tengan un valor biológico más alto que las vegetales, pero la soja se acerca mucho al del huevo y, además, aporta todos los aminoácidos esenciales. ¡Un verdadero acierto!
Además de proteínas, la soja aporta ácidos grasos poliinsaturados, fibra, compuestos vegetales secundarios, ácido fólico y minerales como magnesio, hierro, potasio y zinc. A pesar de estos beneficios, algunos mitos sobre la soja se siguen repitiendo y hacen que muchas personas miren a la soja con recelo. En KoRo queremos desmontar algunos de ellos para que disfrutes de tu próxima barrita con soja crujiente con total tranquilidad.
Mito 1: La soja provoca la deforestación del Amazonas
Según la organización WWF, la producción mundial de soja pasó de unos 27 millones de toneladas en 1960 a casi 360 millones en 2018/19. Estas cifras astronómicas necesitan superficie: en torno a 125 millones de hectáreas, unas tres veces la extensión de Alemania. En Sudamérica gran parte de esa superficie se consigue a costa de talar selva tropical, lo que agrava el cambio climático al liberar CO₂ y destruir hábitats de animales y plantas. De ahí surge el prejuicio de que el tofu destruye el Amazonas, por ejemplo.
Pero basta mirar las etiquetas para desmontar este bulo: la soja que se usa en Europa suele ser de origen europeo. Y otro dato clave: solo alrededor del 2 % de la cosecha mundial se destina a productos como tofu o bebidas de soja. La gran mayoría se emplea como pienso para la ganadería intensiva o se transforma en aceite de soja, usado en cosmética o biocombustibles.
Mito 2: La proteína de soja causa cáncer de mama
Entre los nutrientes de la soja están las isoflavonas, un tipo de fitoestrógenos. Y aquí nace el mito: como su nombre indica, los fitoestrógenos se parecen al estrógeno humano y también pueden unirse a sus receptores. Algunos estudios con cultivos celulares o con animales tratados con isoflavonas aisladas han sugerido posibles efectos negativos. Sin embargo, la realidad es otra: esos resultados no se pueden aplicar directamente a las personas y menos al consumo de una ración de tofu o un vaso de bebida de soja al día. En este caso, las isoflavonas se encuentran en el conjunto del alimento y no en dosis elevadas y aisladas. Por eso, las principales asociaciones contra el cáncer y de nutrición coinciden en que el consumo de productos de soja no supone el riesgo de desarrollar cáncer de mama y que las mujeres con cáncer de mama pueden consumir cantidades moderadas de soja sin ningún problema.
Mito 3: La proteína de soja reduce los niveles de testosterona en los hombres
Otro clásico: que la soja “feminiza” a los hombres. ¿Qué significa eso exactamente? Algunos lo asocian a estereotipos como ser más sensible o tener menos masa muscular. Pero vamos, ¡estamos en 2025! Desde el punto de vista biológico, la cosa es algo diferente, ya que existen características típicamente masculinas o femeninas. El cromosoma Y y la hormona sexual masculina testosterona controlan el desarrollo de los órganos sexuales masculinos. Y los espermatozoides son, obviamente, también algo propio de los hombres. Se dice que el consumo de soja influye negativamente en estas dos cosas, la producción de espermatozoides y los niveles de testosterona, pero esto es falso. La realidad es que esa supuesta acción hormonal solo se ha visto en estudios con animales expuestos a dosis altísimas de isoflavonas aisladas. Los estudios en humanos no han confirmado estos efectos. Solo se han descrito dos casos muy concretos de personas que consumieron cantidades exageradas de soja durante mucho tiempo. Así que tomar uno o dos productos de soja al día —o incluso pasarte algún día con varios del surtido de KoRo— no tiene ningún efecto negativo.
Como ves, muchos prejuicios no tienen base científica y, en ocasiones, ocurre justo lo contrario. Así que puedes disfrutar de la soja sin miedo. Eso sí: cuanto menos procesado sea el producto, más se aprovechan sus beneficios, ya que se consume en su forma más natural. Y no olvides la variedad: prueba también otras fuentes vegetales de proteína que encontrarás en KoRo, como garbanzos, edamame, lentejas amarillas o incluso placas de lasaña elaboradas con lenteja roja. Son alternativas ideales para quienes de verdad deben evitar la soja: las personas con alergia. Para todas las demás, la soja es una opción segura y deliciosa.








